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lunes, 1 de noviembre de 2010

EL SEXTO SENTIDO DE LA GRULLA


Se acerca el invierno. Cada vez hace más frío y para mí ya es imposible dormir si no es con dos mantas por encima y con un radiador al lado. Ahora con el frío, las aves migran hacia latitudes más bajas, donde podrán disfrutar de temperaturas más cálidas. ¿Alguna vez os habeis preguntado como hacen las bandadas para guiarse desde el lugar del que parten hasta su destino? Lo cierto es que no sólo hacen uso de la memoria para el reconocimiento de ciertos lugares, sino que también emplean un sentido del que nosotros carecemos: la percepción de campos magneticos.


Las aver migratorias pueden percibir el campo magnético terrestre, y esto es algo que se ha demostrado por varios estudios. Por ejemplo, si se toman varias grullas en épocas de migración y se las encierra en una jaula grande, se ve como tienden a revolotear hacia la dirección a la que deben migrar, ¡pero! si colocamos a ambos lados de la jaula un par de bobinas que generen un campo magnético no demasiado potente, podremos observar como las grullas "enloquecen" y vuelan en trayectorias aleatorias, distintas de las que siguen para migrar.


Otro estudio consiste en colocar en estas aves un pequeño "collar" metálico alrededor del cuello y una pequeña bobina magnética sobre la cabeza: se puede ver como las grullas dejan de seguir la ruta "predeterminada" y siguen trayectorias erróneas a su libre albedrío.
Es lógico pensar que, si a lo largo de la historia de la Tierra ha existido un campo magnético (con inversiones periódicas), el cual ha estado siempre presente en la historia de la Evolución, éste halla sido aprovechado por algunas especies para guiarse en sus viajes por el planeta.