Nada más empezar el blog, quería mostrar, como curiosidad, que existen microorganismos que pueden ser utilizados para tareas tan diversas como el registro histórico. En este caso, hablaremos de la bacteria Helicobacter pylori, pero antes de nada, dejadme que os hable de una patología asociada a éste microbio: las úlceras pépticas. Las úlceras pépticas son lesiones crateriformes que afectan a la mucosa interna del estómago y del duodeno (parte superior del intestino delgado), con escasa tendencia a la cicatrización y que, en los casos más graves, puede causar la muerte por hemorragias internas. Afectan a buena parte de la población mundial (se estima que en torno a un 14% en los países desarrollados).
Durante años, se creyó que su origen se encontraba en el estrés y en la comida excesivamente condimentada, con lo que los tratamientos que se aplicaban al enfermo consistían en un cambio en la dieta y en los hábitos de vida, y en el uso de inhibidores de la producción de ácido gástrico (una solución de agua, ácido clorhídrico y enzimas). Aunque estos tratamientos provocaban alivio en el paciente a corto plazo, no hacían desaparecer las úlceras.
Habría que esperar hasta 1982, cuando los doctores B. Marshall y R. Warren propusieron que las úlceras pépticas eran originadas por una bacteria: Helicobacter pylori, capaz de sobrevivir al ambiente ácido del estómago (en la imagen). Fue entonces cuando el tratamiento paso de un cambio en el estilo de vida a la administración de antibióticos capaces de eliminar eficazmente a esta bacteria, con lo que se encontró una cura definitiva a la enfermedad. A los buenos doctores, éste descubrimiento les supuso el Nobel de medicina y fisiología en 2005.
Aunque la mitad de la población está infectada con H. pylori, solo algunas personas padecen de úlceras pépticas, lo que sugiere que la infección por sí sola no causa la enfermedad, sino que existen otros determinantes como la dieta, el estrés, las diferencias genéticas entre cepas de H. pylori e incluso la constitución genética del huésped, que influyen en la aparición y desarrollo de este tipo de úlceras.
Aunque la mitad de la población está infectada con H. pylori, solo algunas personas padecen de úlceras pépticas, lo que sugiere que la infección por sí sola no causa la enfermedad, sino que existen otros determinantes como la dieta, el estrés, las diferencias genéticas entre cepas de H. pylori e incluso la constitución genética del huésped, que influyen en la aparición y desarrollo de este tipo de úlceras.
La mayoría de la población se infecta con esta bacteria durante la infancia y permanecen infectadas de por vida. La fuente infecciosa suele ser otro miembro de la familia. Y es aquí donde está lo interesante: la cepa de H. pylori de una familia puede ser diferenciada de la cepa presente en otra familia, y de esta manera provee un registro exacto sobre las conexiones familiares, como si se tratara de un apellido. Actualmente, los genetistas utilizan esta propiedad de H. pylori para rastrear las migraciones de poblaciones humanas que se han producido a lo largo de la historia.
En 2003, Mark Achtman y sus colegas genetistas del Max Plank Institute for Infection Biology, en Berlín, examinaron las secuencias de DNA de ocho genes de la bacteria H. pylori tomadas de seres humanos de todo el mundo, y observaron como las secuencias bacterianas podían agruparse en cuatro grandes grupos (uno de Asia oriental, otro de Europa y dos de África) que se correspondían adecuadamente con las poblaciones humanas de las que se aislaron las cepas. Un análisis posterior reveló afinidades entre distintas poblaciones humanas dentro de cada grupo y entre ellos: por ejemplo, las bacterias procedentes de los indios estadounidenses se agruparon con cepas bacterianas procedentes del este de Asia, apoyando la teoría del origen asiático de los nativos norteamericanos. Las bacterias extraídas a los maoríes de Nueva Zelanda estaban íntimamente relacionadas con las de aisladas en la Polinesia, lo que aporta otra evidencia de que los maoríes descienden de isleños del Pacífico sur que emigraron a Nueva Zelanda hace miles de años. Pero los genes de las bacterias también coinciden con migraciones más recientes: las cepas africanas se encontraron con alta frecuencia entre los afroamericanos de los estados sureños de Louisiana y Tennessee, y cepas europeas fueron halladas en habitantes de Singapur, África del sur y América del Norte.
La conclusión de estos estudios es que H. pylori viaja por el mundo en los intestinos de sus huéspedes humanos, por lo que puede utilizarse para ayudar a resolver los detalles de las migraciones humanas pasadas. Sin embargo, al mismo tiempo que los científicos están reconociendo el valor de H. pylori como una herramienta útil en el estudio de la historia y la evolución humanas, la bacteria parece estar desapareciendo de los intestinos de la gente, concretamente en los países desarrollados, posiblemente por el amplio uso de antibióticos y la mejoras en la higiene, lo que también ha conllevado a una disminución en la incidencia de úlceras pépticas y cáncer gástrico (por lo general asociados a esta bacteria) en los países desarrollados.

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